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A Pelar el Ajo

18 Feb

El otro día escuché a una chilena que frente a la pregunta ¿cómo estás?, respondió: “Mal. Soy ingeniera agrónomo y estoy chata de lavar wateres”…Inmediatamente pensé: ¡¿Y por qué no?! ¿Acaso un título profesional significa que no puedes desempeñar ciertos trabajos u oficios? No señores, el trabajo dignifica! Más aún si consideramos que estás en un país, que por más cosmopolita que sea, igual día a día te recuerda que estás en calidad de inmigrante y, si a eso le agregamos que no tienes un buen dominio del idioma, créame que lavar wateres puede ser una bendición.

Pero a qué voy con todo esto, pues bueno, a advertirles a todos los que están prontos a viajar que acá la vida no es fácil, y aunque puede sonar de perogrullo, creo que es necesario ponerlos en antecedente. Por alguna extraña razón -por lo menos en Chile-, existe la convicción de que viajar a Nueva Zelandia es “la papa”: que acá podrás trabajar rápidamente en lo que sea, juntar mucho dinero, viajar a varios destinos y, además, aprenderás inglés. Déjenme decirles que la cosa no es tan así, y con esto no busco desanimarlos, si no que todo lo contrario, invitarlos a que planifiquen su viaje de la mejor manera: que establezcan planes de acción, se fijen plazos y determinen objetivos, ya que eso los llevará a desarrollar su aventura tal como lo han planificado.

De acuerdo a mi propia experiencia y también de acuerdo a lo que he visto durante estos casi seis meses en Nueva Zelandia, encontrar trabajo es cada vez más difícil, y una vez que lo encuentras realmente “pelas el ajo”. Básicamente, porque la mayoría de los Working Holiday son del mismo perfil: jóvenes profesionales que llevan un par de años trabajando o están recién egresados de sus carreras o cursando los últimos años y que antes de comenzar una “vida de adulo” quieren viajar por el mundo, conocer y aprender otro idioma, entre muchos otros objetivos, por cierto. Pues bueno, ese grupo de gente, son personas que difícilmente han realizado trabajo forzado algunas vez en sus vidas y que, por lo general, vienen con una actitud positiva y con la mejor disposición para desempeñarse laboralmente en lo que sea, lo que claramente es muy bueno y les servirá el primer tiempo, pero si no mantienen una mentalización importante en pos de sus objetivos, créanme que es fácil “tirar la esponja”.

Estando acá, lejos de tu familia, tus comodidades, tus costumbres, trabajando duro, de sol a sol, la vida se vuelve dura, tu cuerpo manifiesta fatiga debido a la exigencia que ejerces sobre él y tu mente muchas veces quiere rendirse. No faltará la oportunidad en que digas “yo no tengo por qué aguantar esto” y es ahí mismo donde yo te digo: ¡CLARO QUE SÍ! Tienes que aguantar eso y mucho más y ¿sabes por qué? Porque eso no sólo te ayudará a que sepas lo que es alcanzar con el sudor de tu frente, literalmente, tus sueños, sino que aprenderás a ser mejor persona, conocerás al ser humano en sus lados más oscuros y verás lo más bajo del mundo, pero te servirá para la vida misma. Valorarás a tu familia, tu hogar, tus amistades, tu trabajo, tu entorno e incluso a tu país, lo que al final del día, a mi juicio, será el mejor pago que podrás tener después de esta experiencia. Las vivencias que tendrás acá quedarán marcadas a fuego en tu alma y atesoradas como hermosos recuerdos en tu corazón y, te garantizo, que ya no serás el mismo niño(a) caprichoso(a) que llegó a este país en busca de diversión, serás un gran ser lleno de amor y con ganas de dejar este mundo mejor que como lo encontraste.